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La iglesia como parte del pueblo cubano tiene una tarea importante

 
AIPRAL/ALC - La moderadora del Sínodo de la Iglesia Presbiteriana-Reformada de Cuba (IPRC), pastora Dora Arce Valentín, compartió días pasados una carta que publicamos donde llama a fortalecer los ánimos de la iglesia en Cuba y la población toda. Sobre la misiva y sus motivaciones AIPRAL trae la voz  del pastor Edelberto Valdés Fleites, de la misma iglesia.
 
¿En qué contexto se difunde estas palabras de ánimo a la familia reformada en Cuba?
 
El propósito de la carta pastoral es darnos pistas para enfrentar la situación definida por el Gobierno Cubano como “coyuntural” por la falta de combustible en el país. Esta carencia ha traído una serie de limitaciones y de reacomodo de actividades para sostener de forma adecuada y a un ritmo normal la vida diaria de Cuba. Por otra parte la administración Trump anunció nuevas medidas restrictivas para el acceso de Cuba a divisas, que junto a las sanciones impuestas a Venezuela (proveedor de combustible a Cuba) hace que la situación económica sea muy tensa. Todo esto está repercutiendo en el día a día del pueblo y por supuesto la Iglesia como parte de ese pueblo tienen una tarea importante que es la de sembrar esperanza y dar fuerza teniendo la fe como base.
 
¿Cuál es la situación actual del bloqueo económico hacia Cuba?
 
Desde 1962 —hace 57 años— Estados Unidos mantienen un bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba que, según cifras oficiales del gobierno cubano, ha provocado daños acumulados que ascienden a 933.678 millones de dólares, tomando en cuenta la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional. Eso en la práctica significa que Cuba no tiene acceso a ningún material, componente, equipo, aún medicinas que tenga materiales que vengan de los Estados Unidos lo que obliga a buscar alrededor del mundo las posibilidades de llegar a tener lo que se busca. Por otra parte ningún equipo, material, componente que tenga algún material cubano puede venderse en los Estados Unidos
 
En 27 ocasiones, desde 1992, Cuba ha presentado un informe en las Naciones Unidas sobre este asunto y la comunidad internacional en el seno de la Asamblea General ha rechazado mayoritariamente el bloqueo de EEUU contra la isla.
 
La semana pasada la administración Trump emitió un memorando para el secretario del tesoro, donde se extiende en el tiempo la Ley de Comercio con el Enemigo aplicada a Cuba, hasta el 20 de septiembre de 2020. Esto significa que el bloqueo se extiende por un año más. A principios de junio, Washington aprobó nuevas restricciones contra La Habana, prohibiendo los viajes grupales educativos a la isla y cancelando las autorizaciones para barcos de recreo y de pasajeros.
 
El bloqueo nos perjudica también en su carácter extraterritorial: muchos bancos en Europa se les prohíbe transferir dinero a Cuba, lo cual afecta no solo a la población, sino al trabajo de las iglesias.
 
En contraste con la política hostil de las diferentes administraciones de los EUA hacia Cuba, apreciamos el apoyo y acompañamiento de las iglesias, particularmente en los EUA: Consejo Nacional de Iglesias de EUA, Iglesia Presbiteriana de EUA, el Consejo del Área del Caribe y Norteamérica de la Alianza Reformada Mundial, CANACOM, AIPRAL, WARC, CMI, y otras organizaciones y organismos ecuménicos.
 
Siempre me he preguntado por qué Estados Unidos mantienen relaciones formales, normales y fluidas con Vietnam donde perdieron miles de vidas humanas y no con Cuba donde es cierto que perdieron propiedades, entonces ¿ qué vale más una vida o una propiedad? La respuesta es complicada y difícil de entender.
 
¿Qué motivó el desabastecimiento de combustibles y cuáles son las consecuencias para la población cubana?
 
Las consecuencias son múltiples: problemas con la transportación, reacomodo de labores en los centros de trabajo y escolares, afectaciones en las producciones fabriles y de alimentos y por supuesto está el efecto sicológico donde los temores y la ansiedad pueden apoderarse de la gente. Si bien el pueblo cubano ha sabido sobreponerse a situaciones tan o más difíciles que esta, es bueno también querer tener un respiro y poder vivir y trabajar en paz. Todas estas razones motivaron la Carta Pastoral: dar una luz para enfrentar las dificultades y no dejarnos “comer” por los problemas. La Iglesia entonces debe asumir con responsabilidad de dar sabor (ser sal) y alumbrar (ser luz) al pueblo.
 
¿Cuál es el sentimiento de la población cubana en estos días, donde aparece el fantasma del “período especial”?
 
Quiero ante todo aclarar que fue y es para la población cubana el “periodo especial”. Cuando existía el campo socialista, las economías de esos países estaban entrelazadas: unos producían y exportaban algunas cosas y otros lo hacían con otros elementos así todos contribuían y recibían; por supuesto algunos países recibían más de lo que aportaban por sus condiciones económicas: Cuba era uno de esos. Al caer el campo socialista Cuba perdió en un abrir y cerrar de ojos más del 80 % de su comercio. Esto fue funesto: había electricidad solo unas pocas horas al día a tal punto que decíamos que había alumbrones y no apagones, hubo escasez de todo: alimentos, jabón, aceite,¡de todo!
 
Para los que vivimos ese tiempo se ha quedado esa memoria así que cuando se anuncia estas limitaciones actuales enseguida surgió la idea de un segundo período especial. Creo que se ha explicado de parte de varios dirigentes gubernamentales que eso no va a ocurrir y las causas que se dicen es que en estos momentos hay vínculos económicos más diversificados que anteriormente con China, Rusia, la Unión Europea entre otros.
 
No me gustaría que ese fantasma se haga realidad.
 
¿Cómo vive la familia de la IPRC este tiempo? ¿Cuáles son sus acciones?
 
Desde el tiempo del “período especial” en los años 90 nuestras congregaciones comenzaron a desarrollar trabajo diaconal comunitario. En estos momentos todas nuestras congregaciones tienen al menos un trabajo diaconal comunitario que va desde brindar desayunos y almuerzos, talleres de costura, bordado, servicio de agua purificada, talleres de artesanías, pintura, clases de inglés, música, etc. Hemos decidido que las Iglesias sean comunidades de acogida y de ayuda mutua donde cada quien se sienta apoyado y recibido sin cuestionar. Soy pastor de dos congregaciones y en ambas las personas ancianas van a recibir almuerzos pero no solo eso: allí se canta, se baila, se celebran cumpleaños, se lee la Biblia, se ora pero también se dialoga sobre problemas y dificultades. Las personas salen con sus estómagos llenos pero con sus vidas también satisfechas porque junto a la comida se les da dignidad. Así vivimos este tiempo dignificando al ser humano a través del trabajo diaconal transformador, abriendo nuestros templos para acoger y acompañar y sobre todo para compartir la esperanza, la alegría y la confianza en el Señor de la Iglesia que es el Señor de la Historia y Señor de la Vida.
 
¿Cómo se puede incidir desde la familia reformada latinoamericana para revertir esta situación?
 
Lo primero que diría sería orando por nosotros pero como me dijo una vez una maestra de escuela dominical que tuve la palabra ORACIÓN se debe escribir ORACIÓN porque cada oración nos compromete con aquello por lo que oramos. Ser capaces de conocernos y reconocernos como parte de esa familia y compartir con la Iglesia cubana también sus tensiones y alegrías. Y ¿por qué no? Visitarnos si así lo deciden para que conozcan de primera mano quiénes somos, como vivimos y como trabajamos. Creo que ayudaría mucho si como Iglesias nacionales y como organismos regionales hablamos y condenamos el bloqueo y sus consecuencias hacia el pueblo y las Iglesias cubanas, quizás algunas personas piensen que es solo una historia sentimental o propaganda pero el bloqueo es real y dañino.
 
Quiero terminar haciendo esta historia: “En un bosque había un gran fuego, las llamas consumían los árboles y a la entrada de ese bosque estaban un león, una jirafa y un elefante contemplando con horror el panorama. Ninguno de estos tres grandes animales se atrevía a hacer nada. El león como rey de la selva, no quería arriesgar su poder. La jirafa como tenía el cuello largo sabía lo complicado de la situación, ella lo veía todo muy bien. El elefante pensaba en cuidarse a si mismo, era lento y debía cuidar su pellejo ante el peligro. Mientras estos tres grandes animales miraban como el fuego seguía consumiendo el bosque, un pequeño pajarito iba hasta un lago cercano y en su pico traía 2 ó 3 gotas de agua y las arrojaba al fuego. Luego de un rato los tres animales grandes no soportaron más el ir y venir del pajarito y le dijeron: “Oye, ¿qué estás haciendo? El fuego es demasiado para ti, mira nosotros estamos mirando y sabemos que es peligroso. El pajarito detuvo su trabajo por un momento y les respondió: “Yo lo sé pero mientras ustedes miran, yo hago lo que puedo”.
 
Nuestro mundo y nuestro tiempo necesitan de una iglesia que haga lo que pueda no una iglesia de espectadores cómodos sino una iglesia que luche como pueda y con las herramientas que tenga para lograr apagar los fuegos que nos rodean.